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lunes, 14 de julio de 2014

Chispas

Si te vas, no volveré.
Todas las acciones tienen causa y efecto. Todas las acciones tienen un desencadenante, como cuando la bomba explota en medio de tu ciudad arrasando todo a su paso. Tu fuiste mi bomba, sería bonito que fuese cierto. Pero no saltó la primera chispa, porque después de una masacre deseas que no vuelva a pasar.


Deseaba no amar a nadie más. Había amado en una noche, y le habían roto el corazón a la mañana siguiente. Y ahora mojada, estaba viendo fotos de la última persona que le imanto su brújula. Deseaba pensar que todo esto pasaría, sin embargo se mentía como cuando eres pequeño y deseas creer en los Reyes Magos, Papá Noel o el ratoncito Perez. Y como de costumbre comenzó ahogar sus penas en café de cualquier bar donde tenga un periódico decente.

Era triste, pero más triste llorar por algo que nunca sucedió. Y en ese momento se le escapaba un curiosa lagrimita por su pequeño rostro que llegaba hasta su boca. Era un cumulo de circunstancias que le explotó en la cara, el día que despertó en aquella carretera.

En ese instante, apareció ella. Le dió un abrazo, un beso. Y se fueron de ese pueblo de calles de piedra. Tras una hora en el coche, llegaron a casa de Sofía. Vivía en un edificio viejo en el cuarto piso. Allí compartía su vida con un gato llamado Chispas. El único que se extrañaba si no llegaba a casa.
Estaba subiendo por las escaleras, y escuchaba sus maullidos. Y ella entendía lo que decían.

Abrió la puerta, lo abrazo y se quedo sentada detrás de ella con él en sus brazos esperando que pasase algo inaudito. Entonces sonó el timbre




martes, 8 de julio de 2014

¿Alguna vez?

Los cuentos que nos contaban no decían siempre la verdad. Nos hacían soñar con mundos donde todo podía ser realidad. Maldita sea ¿ por que nos creímos eso? Esas pequeñas mentiras que hacen escondernos de un lugar tan cruel. Con esos cuentos soñamos con ser felices para el resto de nuestra vida. Sin saber que el transcurso de nuestra pequeña vida sería un cumulo de miradas, lágrimas, abrazos, palomitas, drogas y leche cortada.
El gran problema de los cuentos es que no nos enseñaron a luchar con una cuchillo entre los dientes. Y no nos enseñaron a decir lo que quieres decir, y tampoco hacer lo que deseas hacer. ¿Por qué no podemos coger un coche a las 12 de la noche para dar un paseo?


La voz de la mujer le arrebató el último suspiro de su alma, o eso era lo que ella pensaba. En una noche se había enamorada de una persona que apenas conocía su nombre. Cruel destino, pensaba. Aunque simplemente, Sofía deseaba amar por encima de cualquiera cosa, era una adicta de la mariposas en el estómago. Era de esas personas que tiene demasiado amor para dar.
Pensaba que su mundo se terminaba como cuando se apaga el último cigarro del paquete o una nevera vacía en domingo.

Salió a caminar, quería saber que le hacía sentirse así. Y como en una película, empezó a llover. Ella no se enfadó, si no que se puso a bailar y a cantar bajo ella, sobre todo a cantar. Así mojada y caminó hacia ninguna parte. Se cuestionaba que era lo que le hizo para llegar hasta esta situación. Cuales eran las acciones consecutivas para estar cantando en medio de ninguna parte.

Cerró los ojos muy pero que muy fuerte, para recordar. Y allí, como si una aparición se tratase. Su cara tan bonita e inquietante como el primer día. Tenía la esencia de artista de rock, y era tan peligroso como un vampiro en plena noche. Aun lo deseaba, y perdía el culo por él.

Busco en el móvil, alguna foto de lo dos. Quería saber si todo lo que se imaginaba era real.

Hay personas que llegan a tu vida y se colocan en una lista. La prestigiada lista de las personas que una vez amaste, e intentarás amar para siempre.

sábado, 5 de julio de 2014

Canciones que dicen más de lo que escuchas.

Debía de ser adicta a las primeras veces, todo el mundo es adicto a algo. Hay gente incondicional a las drogas de diseños, otros a las compras del tiempo o simplemente a un hombre. Tú y yo nos burlamos de ese último tipo de gente. Tanto era así que en vez de quedar,coincidimos a posta en un lugar para vernos. Siempre nos extrañábamos de avisarnos, aunque deseábamos encontrarnos a cualquier hora. Estúpido juego de niños, admito. Pero era nuestro. El gran problema es que un día uno de los dos no apareció, y el placer terminó.

Sofía, se hecho a reír como nunca. Le hacía gracia que alguien que no conocía de nada le dije algo tan bonito. Puto loco pensó. Pero a medida que las canciones sonaban, ella cada vez lo miraba más de reojo, y como no, se le escapaba esa sonrisa picará mezcla con un par de copas de más.

Cuando la música se hacía más pequeña, se sentó a su lado. Se miraron y se echaron a reír. Así, empezó el juego de hablar con las letras de las canciones que sonaban. Ese juego pasó a saber como se llaman o simplemente que hacían allí. En ese bar típico irlandés con un toque burgués. Se sentía cómoda, de esas personas que con el mero hecho de conocerlas, sabes que se le puedes contar cualquier locura y no se asustarán. Ese tipo de gente, aparece y nunca más se va.
El la acompañó a la puerta del hotel donde Luz ya hacía mucho tiempo que dormía.
Toda la noche soñó con esas conversaciones inverosímiles y a la vez tan reales. A la mañana siguiente quería saber donde estaba, pero como en una canción de Sabina el ya no estaba.

Aunque si un número de teléfono en recepción, con un mensaje.
"Sonríe, simplemente, sonríe"

Al instante cogió su teléfono, y lo llamó. Sin embargo no salió una voz de hombre, si no de mujer.

martes, 1 de julio de 2014

Lady Madrid

Las cuestiones del amor, nunca llegan a bueno puerto. Como las miradas, nunca llegan a calar hondo o las caricias no lo curan todo. Podría seguir así, maldiciendo todo lo que tiene el verbo querer, amar o desear.

Pero a veces, es el mentira más absoluta, porque en nuestro interior buscamos el amor. Esto debe ser por como nos han educado.  Las princesas de Disney han hecho mucho mal, porque ellas fueron las primeras en decirnos que eramos indefensas e infelices sin los brazos de un hombre.
Las princesitas crecieron y algunas muy pocas cambiaron su forma de ver todo. Las Ladys Madrid no buscan el amor por encima de todas las cosas, buscan pasarlo bien y sonreír por encima de todo.

Depende de las óptica de cada persona, hay gente que prefieren las sorpresas y otras que desean tener todos los cabos atados, como hay gente que se deja llevar por lo que pasa a su al redor.


Sofía miraba a su tercer vaso, ya transparente. Miró a Luz y se echó a reír. Se sentía feliz, hacía tanto tiempo que no experimentaba algo así que le parecía extraño.

En una de tantas confesiones, su amiga le dijo que esperaba un niño. Eso todavía le hizo sentirte más contenta. Sabía que iba ser la madre más perfecta de todas. En ese momento se pusieron a bailar por todo lo que tenían que celebrar.

Poco bailaban, más bien intentaban seguir la letra de la canción, sin embargo para ellas era realmente complicado. Parecían quinceañeras buscando un poco ron.  La noche iba entrando, y el bar llenándose.

Sofía ,estaba en medio del local, moviéndos discretamente al son de la música. Sin embargo era la mirada de todo el bar. En un segundo se fijó en un chico, que sonreía. Ella fue hacía él. Estaba vez había dejado los miedos y las inseguridades en la carretera.

Le dijo: ¿Bailas?.
Él respondió: No, me basta con verte sonreír.

Ahora si, ella era otra Lady Madrid.




domingo, 29 de junio de 2014

Estrellas blancas

Las cuestiones de óptica son muy confusas, hasta llegar al punto de que el color rojo es el reflejo de todos los colores espeto él. Todo es relativo, como en el instante que me dijiste que no podíamos volver a caminar de la mano cuando fuese otoño.  Mi mirada se perdió en el mar donde alguna vez soñamos ser libres. La cuestión de soñar sueños imposibles, es que nunca llegarán a cumplirse; y lo peor de eso, es que tú en el fondo deseas que sean ciertos.

La carretera se hacía cada vez más pequeña. Y sin entender el porqué, se sentía segura a su lado, sería por su voz o por aquellos ojos verdes que te mostraban todo lo ella respetaba. Le agarró la mano a la vez, que el cambio de marcha. Le dijo todo irá bien. Ella se eche a llorar al instante.

Después de dos horas, llega a un pueblo en medio de las montañas. Buscaron un sitio donde hospedarse, a continuación se perdieron por las calles de piedra, hablando de lo que realmente les preocupaba a las dos. Ella, Sofía, le explicaba que no entendía como podía a ver llegada a un lugar sin entender por el cómo. Su amiga le contestaba que hacía más de una tres días que no sabían de ella, nadie absolutamente nadie. La primera vez que pasó algo así, parecían que los relojes se habían parado y nada volvería a ser como antes. Pero, un día regresó con una sonrisa pequeña y tímida, de las que piden perdón por todo el daño que ha causado.

Cada vez, las desapariciones serán más habituales. Sin embargo, esta vez, sus recuerdos se habían marchado como las estrellas blancas de las noches anteriores llegando a dejarla sola del todo.
Su vida no conectaba, llegando a estar inmersa en una espinal donde parecía que nadie podía sacarla.

La luna salía, y ellas buscaron un bar para seguir hablando de un futuro incierto y sin colores bonitos. Pidieron dos cervezas, su amiga se comía la cerveza a cucharadas. Sofía reía, le hacía sentirse menos rara y con mas fuerza de entender lo que le pasaba. A partir de eso, todo llegaría.


lunes, 23 de junio de 2014

Lucis

Te contaría cuanto tiempo pierdo en recrear conversaciones que nunca pasarán, o cuanto tiempo pienso sacarte defecto, los nuncas nunca llegaron aunque siempre deseamos. Nuestra banda sonora alternada entre Pereza y canciones de jazz. Rara combinación, pero como nosotros dos. Pocas veces hablábamos sin tener varias copas en la mano, eso se debía a que eramos unos auténticos cobardes o por lo menos,yo. Cada vez que lo veía pasar a mi la lado, las rodillas me temblaban al son con mis manos.

Cuando le dijo la hora, el chico le guiñó el ojo. Y se salto esa sonrisa que te aparece con unos chicos guapos, olvidándose de todo lo demás. Susurró un gracias tan pequeñito que ni los ratones lo oyeron. El chico se subió en la moto, y se marcho. Al cabo de tres segundo, volvió en sí; salió corriendo tras él. Pero era demasiado tarde. Ya no lo podría alcanzar

Era absurdo que se parase para preguntarle la hora, sólo para eso, y no le preguntase que hacía allí descalza, con la cara de no haber dormido la noche anterior y desorientada. Sin embargo, lo absurdo era la nueva moda, y el chico no parecía no la siguiese.

Deseaba tanto llamar a alguien y pedir ayuda, no sólo por no saber donde estaba si no por todas las cosas que no contaba o que contaba tan en bajito que nadie escuchaba. Empezó a llorar, de tal modo que el cielo  siguió su trayecto. Eran esas tormentas de verano que llegan sin saber como y se van de la misma manera.

Empezó a correr lo más rápido posible para que las gotas no la tocasen, pero eso era imposible. Era otra estúpida decisión que desembocó en algo peor. Se cayó, dejándose las rodillas y las manos en la carretera.

Se sentó en medio de la carretera, dolorida y con el autoestima por los suelos. Sacó el teléfono, y llamó a la persona que siempre podía venía en su búsqueda. La que siempre la ayuda a levantarse pese a cualquier cosa. Esa pequeña luz que lo alumbraba todo.

Sólo dijo hola, y ella ya sabía lo que le pasaba. Salió de su casa perfecta con su vida perfecta, a buscar a su pequeño caos.



domingo, 22 de junio de 2014

Ya son las cinco de la tarde.

Habíamos cambiado el verbo estar por el verbo tener, pero no teníamos nada y aun menos estábamos juntos. Las calles mojadas se estrechaban, hasta tal punto que teníamos que caminar en fila india. Las cervezas se quedaban escasas, mientras el ron no paraba de llegar. No entendíamos nada, sin embargo tampoco esperábamos una respuesta. Las páginas seguían pasando y sin contar algo concreto, sin contar algo bonito.

Así llegó a la mitad del libro, estaba harta. No entendía la historia que el autor intentaba contar; debía seguir caminando para llegar a alguna parte. Respiró fuerte, muy fuerte. Y se decidió ponerse en camino, pero a los tres pasos, paró. Estaba cansada, total no sabía donde estaba, ni a donde llegaría.
Intentó recordar como había llegado a esa carretera, no hubo respuesta. Realmente no sabía que hacer.

Mientras miraba las nubes pasar, alguien la llamó por teléfono. En ese instante, se le escapó una sonrisa, alguien se preocupaba por ella. Miró al móvil, y al instante lo apagó, era una compañía telefónica que le intentaría venderle una nueva tarifa.

Comenzaba a estar mosqueada, en esta era de comunicación constante, porque nadie le preguntaba como había pasado la noche y  así la rescatarían de esa carretera infinita que no sabía a donde llegaba.

Empezó a golpear piedrecitas que encontraba por el camino con sus pies descalzos. Eso significaba una cosa, se ponía de camino para llegar a algún sitio. Después de caminar, un buen trayecto, le comenzaba a doler los pies.

Estaba hasta las narices; no sabía donde estaba, la carretera no terminaba, nadie pero nadie le hablaba (y ella demasiado orgullosa para hablar a alguien). Tenía ganas de chillar, así lo hizo, total estaba sola.

En ese instante una moto se paró. Era un chico bastante atractivo, se quitó el casco y lo único que le preguntó fue que hora era.


sábado, 21 de junio de 2014

A las tres de la tarde

Caminaba sin retorno, apagando las colillas en cedidas con sus pies descalzos. No sabía hacia donde mirar, ni a donde ir. Se sentía libre desde hacía mucho tiempo que no lo hacía, tanto que ya ni se acordaba de lo que no era recordar nada.

Se despertó en medio de la carretera con los zapatos en una mano y sosteniendo un libro que no conocía que historia contaba. Miró alrededor para intentar recordar algo de lo que había pasado. Todo le era familiar, como aquellos domingo en el río a las tres de la tarde con su familia y sus amigos. Esa felicidad absoluta, plena y sincera; volvía a ella. No entendía nada. Su largo vestido blanco, casi transparente y algo manchado por los acontecimientos de la noche anterior, bailaba al son del viento.
Por encima llevaba una americana algo grande, que cierta persona amable le había dejado sin esperar nada a cambio.

Intentaba llegar a alguna parte, pero no sabía bien por donde ir. Cerró los ojos, e intentó guiarse por sus sensaciones o presentimientos, lo que casi acabó consiguiendo fue una pierna rota por un coche a gasolina.

Se sentó en el borde de la carretera, a ver como la mañana llegaba ya a su fin. Miró al sol que en ese momento tanto la quemaba, intentó buscar sus gafas de sol en el bolso de mano. Obviamente no estaban. Miró su teléfono, y no tenía ninguna llamada perdida. Lo apagó, y tres minutos más tarde, lo volvió a mirar, pero seguía igual que antes. Ni un misero mensaje de alerta, de auxilio o de amenaza.

Nadie la reclamaba.

Se sentó a esperar, pero nadie se la rescataba. Así que respiró hondo, y salió a encontrar el camino que le llevase al lugar de vuelta. Ese lugar, a las tres de la tarde.

domingo, 14 de noviembre de 2010

Esperanza

Las cosas pasan siempre por algo bueno. Eso es lo que intentaba pensar Sofía, después de volver con los pies doloridos y los ojos llorosos. Se tumbaba en la cama y se quedaba dormida, sin pensar. Porque eso es lo que más odiaba de todo,pero era lo que más hacía. Cada día la barriga le pesaba más. Se sentía sin identidad. Como una sombra que nadie ve.
Hacía tres semanas que había mudado, y no tenía nadie con quien hablar. La gente de su clase, no se acercaban a ella por dos razones. La primera por Alberto, la segunda porque el teatro era una de las dos únicas que le hacía disfrutar por completo, por eso lo cuidaba, y le salí también.
Vivir en el edificio de sus abuelos, le hacía rememorar demasiadas cosas bonitas, se daba cuenta de lo muchos que los quería y de tantísimos que les echaba de menos.

Lo único que le sacaba una sonrisa y la tranquilizaba era ir al Retiro. Ver a la gente en las barquitas e imaginarse sus vidas.

Un día, mientras tenía la mirada perdida un chico le dijo: - ¿me puedes decir porque tienes los ojos tan bonitos?

lunes, 23 de agosto de 2010

Pongamos que esto es el principio

Una cuerda sostenía sus vidas, una construyéndose y otra a punto de cambiar. Todo estaba dando un gran cambio. Dentro de una semana, empezaría sus estudios deseados. Soñaba con recitar a Shakespeare o a Lorca, interpretar un Romeo en la piel de una mujer. Quería vivir demasiados cosas para una sola vida, y por eso amaba el teatro. Caminar por un escenario, sentirse importante, mientras todos la miran, poder cambiar la perspectiva de alguien o hacerlo sonreír.
En septiembre empezaría a vivir en Madrid, en el centro. En un viejo edifcio de su abuelo. Donde pasaba sus calurosos veranos. Ella pensaba que hacía en verano en la capital, donde el ostentoso calor le derretía el cerebro. Cada año, como un monótono y repetitivo vals, pasaba lo de siempre. La visita al Prado, una opera, un concierto de la sinfónica, un día de compras con su abuela... A ella no le gustaba esas cosas tenían un cierto polvo, ya encima. Su padre sabía que odiaba todo aquello, pero el necesitaba un tiempo para buscar nuevos negocios, para salir de ese mundo de deudas. Pero el verano de los dieciséis todo cambio, habían alquilado a una familia un de los apartamentos para sacar algo de dinero para su hijo. Y allí apareció su liberación, con pantalones pitillos, una camiseta de los Beatles y un gorro de paja. Aquel noche escucho un alboroto por las escaleras, risas, voces altas y un cierto olor parecido al despacho del director. Pasaron dos días con la misma situación y a la tercera, sucedió. Era las siete de la tarde, Sofía bajaba las escaleras para comprar un helado y despegarse de la fauces de su abuela. Se lo encontró de frente.
Hola, ¿tu era la nieta de los Turati?
Si
Pues da les las gracias, por alquilarnos el apartamento. No se encuentran piso en el centro a estos precios.
Se lo diré.
A por cierto me llamo Manuel, pero todos me llaman Manu.
Yo me llamo Sofía.
Pues encanto. ¿Me dejas hacerte una pregunta?
Si. (Se empezó a poner roja)
¿Estas sola? Osea sola, con tus abuelos?
Si
Y tienes amigos?
No. Mis abuelos no me dejan sola ni un minuto. Creen que como solo me ven en verano, no me pueden dejar soltar.
Perfecto. Esta noche te vienes conmigo. Te duermes pronto y salimos por la gran capital. (Había movido los dedos representando unas comillas en el verbo dormir)
¿Y ahora me compañas a por un helado? Así me cuentas tus planes por la noche.
Okey.
Así, fue como la pequeña niña inocente, conoció la libertada y la amistad más allá de los amigos de colegio. Ese verano empezó creció.

lunes, 12 de julio de 2010

Era torpe, indiscreto y con una cierta ternura.

Sonrió sin saber por qué. Sabía que esa etapa estaba pasada, ya solo era un recuerdo bueno, nada más. Estaba tumbada en el sofá y con los pies para arriba escuchando música para el ordenador. Dentro de poco, sería su segunda ecografía, aunque el bebé ya tenía cuatro meses. Estaba buscando los nombres pero le seguía gustando el nombre de Alberto. Alberto que brilla por su nobleza, se le quedó marcada en la cabeza. Quería que no hiciese sufrir a nadie, quería... que fuese feliz ante todo y ese es lo que más le aterraba. Empezó a recodar su infancia.
Aquel día que su madre dijo "me marcho yo no aguanto más aquí, me agobias" chillando a su padre. Ella estaba debajo de la cama con su pato de peluche abrazándolo y esterando a que la tormenta terminase, pero después de la tormenta todo fue diferente. Su padre fue más humano, más tierno pero su mirada cambió, el brillo en sus ojos se había apagado. Pasó más de tres meses hablando entre monosílabos, su madre había dejado un vació difícil de llenar en esa casa de tres plantas. Donde tiempo atrás, era el sueño de una pareja nueva que no para de besarse y de sonreír. Pero con los años erosionó esa pasión y su amor. Y los gritos fueron los nuevos aliados de una relación con una hija recién nacida. Los años pasaron y los distanciaron.
Ella vivía en una familia perfecra traslas miradas de los demas. Ella se sentía sola.
Cuando su madre se marchó, fue la salvación para Sofía. Ya no estaría sin nadie que la comprendiese. El día que se fue su madre, apareció el padre que necesitaba.
Era torpe, indiscreto y con una cierta ternura que le hacía sonreír enseñando los dientes.
Sus mejores recuerdos eran junto a él y su abuela que les apoyó cuando Teresa, su madre, se fue.

Cogió el teléfono. Iba a romper la liturgia del silencio. Lo llamó, entre lágrimas le contó que iba a tener un hijo. Que el padre del niño era Roberto. Ella había cortado con él. Y él se marcho de la ciudad porque decía que no la podía ver, se le rompía el alma al verla, sin poder besarla. Ella no sabía dónde estaba y no quería buscarlo. Su padre colgó sin decir nada. Sofía se asustó, creía que estaba enfadado. Pero al rato, sonó el timbre. Abrió la puerta y ahí está David, su padre, y lo abrazó.

domingo, 4 de julio de 2010

Antes de los diez minutos y del estruendo de la bocina

Sofía estaba tumbada en la cama, despierta. Estaba desenamorando de un "hombre" que había cambido, y la había cambiado. Se tocaba la barriga y sospecha de algo que le removía la entrañas. Hace unos minutos que había terminado de llorar, y intuía que seguiría, así ella era. Las piernas le temblaban, y su tensión era mas baja de lo habitual. Y no sabía que hacer. Miraba como las manecillas del reloj se movían. Se tocaba el pelo y quería llorar pero las lagrimas no le salían. Rapidamente se levanto de la cama, pero se mareó. Agarró una libreta y empezó a escribir los pasos para no querer a una persona, pero no le ocurría ninguno. Se enfandó demasiado no podía parar de ver las cosas que habían vivido juntos, todo ese largo espacio.
Esperaba que terminase con el tiempo, quería que el tiempo volase rapido para no sufrir de esa manera.
Los días pasaron, como las mareas, algunos neutros otros debastadores. Hasta que llego la bomba, ese sueño que cambió su vida. Lo primero que pensó fue, apocalipsis.
"¿Porque, joder, porque? ¿Ahora que hago ahora?" y se lo callo. "Lo mejor esta nadie lo sepa. Si, si eso es lo mejor, que nadie lo entere".

miércoles, 30 de junio de 2010

Sus últimos diez minutos

Abrio la ventana, tenía calor. Sospechaba que algo cambiaría y sonó la bocina. Volvio en sí. Todo lo que le podía pasar, transcurrirá paulatinamente al compás de tiempo.
Todo llegará me repetía una y otra vez. Todo con el tiempo se calmará, todo hasta el mayor dolor o la última decepción. Pero no podía parar de pensar, cuantas cosas malas le habían pasado. Su balanza del dolor y la felicidad se había destavilizado hacía demasiado tiempo. Sus lágrimas eran continuas y sus sonrisas estaban retenidas por los famosos fantasmas del pasado.Todo por sentir demasiado, por expresarse a su manera, por ser como ellos.
Encendió el ordenador, quería escribir algo, contar su historia. Subió el volumen de la música; era una canción que describía todo de ella y a la vez nada. Se le escurrió una de sus múltiples melancolías matutinas. Quizá este bien eso de irse, pensó. Empezó a buscar lugares donde irse, por Internet.

Desde pequeñita soñó con irse a Nueva York. La ciudad de las luces, donde todo puede ocurrir, donde olvidarse de todo, de empezar de cero. Abrió su cuenta de ahorros , volvió a la realidad, estaba a cero. Esas operaciones de papá, sospechó y se le escapó una sonrisa cautiva, pero estaba triste y débil. Rememoró todo lo que había sido para ella, su padre.

Aquel hombre con mirada perdida y siempre preocupado por los números, por la economía familiar, por su empresa y sobre todo por ella. Esos domingo en el parque de atracciones, antes de que la empresa quebrase, después de que su madre se hubiese ido para no volver.

Volvió a sonar la bocina, fuera, en la calle. Sospechaba que algo no marchaba bien. Salió a mirar por la ventana pero no vio nada, solo era un coche con ganas de descansar. Observó que había un mensaje en el contestador, lo oyó. El teléfono se le escurrió de las manos. Tiró las pastillas que iba a ingerir. Y empezó a llorar de felicidad y a chillar "Ya llegó, tengo que cambiar, por el, por mi".

El mensaje decía que... se le cumplía uno de sus sueños, el otro ya estaba en camino, ser madre.
Las sonrisas se empezaron a escapar de la cruel cárcel de la soledad y el pasado. Sus pequeñas y Sofía se prometieron no volver a estar así más. Por su primer hijo Alberto y por su nuevos estudios, como actriz.

Entonces Sofía escribió en la pared "Todo es cuestión de tiempo, solo hay que esperar para que pase algo bueno"