miércoles, 26 de octubre de 2011

Blanco, azul, violeta.

El rosa había impuesto una guerra de colores, pero los únicos damnificados eran ellos mismos. El blanco se había pasado al beis, y el rojo dejó de existir, para no participar en algo sin sentido.
Las cosas no marchaban como debían; la verdad pocas veces marchaba bien. Siempre pasa algo, te ponías a llorar por un te quiero, una caricia o una simple discusión tonta. Nunca supe tratarte. Más bien eran tan difícil como atrapar un solo copo de nieve en pleno verano. Creo que ese era tu encanto. 

miércoles, 27 de julio de 2011

0.2

Sobrevoló un momento en el que todo parecía perfecto. Cada instante era distinto. Las luciérnagas aparecían cuando menos te lo esperabas. Su normalidad era un tanto peculiar aunque en ese instante se movía hacía su cafetería para bailar acorde a su verdadero compás.
Sus problemas se aminoraban con una taza de café. Sus manos transpiraban anécdotas y así se adueñaba de ellos. Era su locus amoenus con un café y coches que iban a gran velocidad.
Su pelo mostraba su personalidad: alocada y en el fondo con muchas ganas de amar. Su color el marrón y su bebida el ron; con cada gota su espíritu daba un bote. Frágil y difícil a la vez. Las sombras mostraban un pasado un tanto incierto. Las lágrimas no eran comunes en él, en cambio la melancolía iba de su mano y bailando al mismo son.
Las esdrújulas sus palabras favoritas y las mujeres junto a la música su verdadera pasión.

sábado, 16 de abril de 2011

A priori.

Cuando sacó su nueva novela pensó que se iba a sorber el mundo con pajita, pero
terminó bebiendo el zumo de piña con malibú de su novia. El ya llevaba cinco rones mientras ella no podía terminar el primer cubata. Eso decía mucho de ellos, de como eran. Se querían si, pero era un amor tan delicado como una tela de araña. El no podía amar, querer de verdad a alguien que no bebiese con pasión una cerveza o un ron de buena marca. Era su forma de ser, su filosofía de vida. Nunca había querido tanto a una chica pero sabía que esta no sería a la que más desearía. Sabía que algún día encontraría a su ying, estaba cerca pero todavía no podía verlo pero lo sentía.
Era rara la sensación querer a alguien y saber que tu otro yo en mujer estaba cerca.

lunes, 7 de marzo de 2011

Do mayor.

Suspiramos, ¿por qué seguimos bebiendo ya sin sed? o ¿Por qué te digo te quiero, sin sentirlo?
Cuestiones sin resolver. Como el rosa es mi color, sin yo desearlo; sigo escribiendo cosas perfumadas a flores. Te digo que odio pero de la forma más bonita que has escuchado, y te quiero de la manera más triste posible.
¿Por qué? Será que todo es cuestión de como veo el mundo y como te siento a mi alrededor.

martes, 8 de febrero de 2011

La roca

Las gotas de lluvia simples, sinceras, dulces, tristes transpasaban su fina piel. La misma que tiempo atrás tocaba. Ella era la misma, la misma persona que cuando estaba triste lloraba o cuando estaba alegre, enfadada o asustada hacia lo mismo llorar. Era su método de defensa frió y mecánico. Como una máquina que se pone en funcionamiento con las primeras emociones. Odioba sentir tanto pero al contrario, su forma de ver el mundo le asombraba y la absorbía .

Todo los días venía algo diferente, deseaba el malestar en su cuerpo. Necesitaba sentir ese semblor en todo su cuerpo para estar más cerca de todo y más lejos de ella misma. Era extraño pero real. Su miedo a su ser pequeño, despiadado, desordenado y triste.

Las gotas la mojaban mientras caminaba por los bordillos de aquel extraño muelle. En una mano una carta apunto de destintarse, en la otra preciado ipod. Cerraba los ojos fuertemente y deseaba desaparecer, implosionar, dejar de existir, soñar, ser libre, vivir a su manera... todo menos lo que hacía. Llego al mar, sintió un despreciable y familiar estruendo en su interior. Dejo el ipod y la carta en una roca. Y saltó.

En la carta podía mil cosas bonitas y otras mil tristes, algo que le daba mucho que pensar y más que sufrir.

miércoles, 2 de febrero de 2011

Demasiado es más mucho

Demasiado tiempo sin escribir, demasiado tiempo soñando. Demasiado esa es la palabra. Demasiado alboroto en la cabeza. Demasiados sueños rotos, nostalgia, malestar, miedo... todo por no saber lo que quiero, lo que quieren. Actuar sin responder.

Eso era todo lo que le pasa, pasaba o pasará. Mi sonrisa, su sonrisa están confusas. Pensaba que alguien llegaría con rosas, cantando una canción para mi, ella, nosotros o ellos. Eso no pasó, no del todo. Pero tu o ella seguíais insistiendo en su cabeza, en tu cabeza. Y los pétalos que conservabais se escaparon por vuestras reacciones o simplemente por vuestras forma de ser.

Demasiadas pastillas, alcohol, porros... Demasiado esa fue la palabra, para estos meses... Demasiado tiempo perdido y demasiada mareas inutilizadas. Esas son las sílabas, siempre ese demasiado en cada oración. Pero esta vez, llego a ser absolutamente demasiado.