Las cuestiones del amor, nunca llegan a bueno puerto. Como las miradas, nunca llegan a calar hondo o las caricias no lo curan todo. Podría seguir así, maldiciendo todo lo que tiene el verbo querer, amar o desear.
Pero a veces, es el mentira más absoluta, porque en nuestro interior buscamos el amor. Esto debe ser por como nos han educado. Las princesas de Disney han hecho mucho mal, porque ellas fueron las primeras en decirnos que eramos indefensas e infelices sin los brazos de un hombre.
Las princesitas crecieron y algunas muy pocas cambiaron su forma de ver todo. Las Ladys Madrid no buscan el amor por encima de todas las cosas, buscan pasarlo bien y sonreír por encima de todo.
Depende de las óptica de cada persona, hay gente que prefieren las sorpresas y otras que desean tener todos los cabos atados, como hay gente que se deja llevar por lo que pasa a su al redor.
Sofía miraba a su tercer vaso, ya transparente. Miró a Luz y se echó a reír. Se sentía feliz, hacía tanto tiempo que no experimentaba algo así que le parecía extraño.
En una de tantas confesiones, su amiga le dijo que esperaba un niño. Eso todavía le hizo sentirte más contenta. Sabía que iba ser la madre más perfecta de todas. En ese momento se pusieron a bailar por todo lo que tenían que celebrar.
Poco bailaban, más bien intentaban seguir la letra de la canción, sin embargo para ellas era realmente complicado. Parecían quinceañeras buscando un poco ron. La noche iba entrando, y el bar llenándose.
Sofía ,estaba en medio del local, moviéndos discretamente al son de la música. Sin embargo era la mirada de todo el bar. En un segundo se fijó en un chico, que sonreía. Ella fue hacía él. Estaba vez había dejado los miedos y las inseguridades en la carretera.
Le dijo: ¿Bailas?.
Él respondió: No, me basta con verte sonreír.
Ahora si, ella era otra Lady Madrid.
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martes, 1 de julio de 2014
domingo, 29 de junio de 2014
Estrellas blancas
Las cuestiones de óptica son muy confusas, hasta llegar al
punto de que el color rojo es el reflejo de todos los colores espeto él. Todo
es relativo, como en el instante que me dijiste que no podíamos volver a
caminar de la mano cuando fuese otoño. Mi
mirada se perdió en el mar donde alguna vez soñamos ser libres. La cuestión de
soñar sueños imposibles, es que nunca llegarán a cumplirse; y lo peor de eso, es que tú en el fondo deseas que sean ciertos.
La carretera se hacía cada vez más pequeña. Y sin entender el porqué, se sentía segura a su lado, sería por su voz o por aquellos ojos verdes que te mostraban todo lo ella respetaba. Le agarró la mano a la vez, que el cambio de marcha. Le dijo todo irá bien. Ella se eche a llorar al instante.
Después de dos horas, llega a un pueblo en medio de las montañas. Buscaron un sitio donde hospedarse, a continuación se perdieron por las calles de piedra, hablando de lo que realmente les preocupaba a las dos. Ella, Sofía, le explicaba que no entendía como podía a ver llegada a un lugar sin entender por el cómo. Su amiga le contestaba que hacía más de una tres días que no sabían de ella, nadie absolutamente nadie. La primera vez que pasó algo así, parecían que los relojes se habían parado y nada volvería a ser como antes. Pero, un día regresó con una sonrisa pequeña y tímida, de las que piden perdón por todo el daño que ha causado.
Cada vez, las desapariciones serán más habituales. Sin embargo, esta vez, sus recuerdos se habían marchado como las estrellas blancas de las noches anteriores llegando a dejarla sola del todo.
Su vida no conectaba, llegando a estar inmersa en una espinal donde parecía que nadie podía sacarla.
La luna salía, y ellas buscaron un bar para seguir hablando de un futuro incierto y sin colores bonitos. Pidieron dos cervezas, su amiga se comía la cerveza a cucharadas. Sofía reía, le hacía sentirse menos rara y con mas fuerza de entender lo que le pasaba. A partir de eso, todo llegaría.
Cada vez, las desapariciones serán más habituales. Sin embargo, esta vez, sus recuerdos se habían marchado como las estrellas blancas de las noches anteriores llegando a dejarla sola del todo.
Su vida no conectaba, llegando a estar inmersa en una espinal donde parecía que nadie podía sacarla.
La luna salía, y ellas buscaron un bar para seguir hablando de un futuro incierto y sin colores bonitos. Pidieron dos cervezas, su amiga se comía la cerveza a cucharadas. Sofía reía, le hacía sentirse menos rara y con mas fuerza de entender lo que le pasaba. A partir de eso, todo llegaría.
lunes, 23 de junio de 2014
Lucis
Te contaría cuanto tiempo pierdo en recrear conversaciones que nunca pasarán, o cuanto tiempo pienso sacarte defecto, los nuncas nunca llegaron aunque siempre deseamos. Nuestra banda sonora alternada entre Pereza y canciones de jazz. Rara combinación, pero como nosotros dos. Pocas veces hablábamos sin tener varias copas en la mano, eso se debía a que eramos unos auténticos cobardes o por lo menos,yo. Cada vez que lo veía pasar a mi la lado, las rodillas me temblaban al son con mis manos.
Cuando le dijo la hora, el chico le guiñó el ojo. Y se salto esa sonrisa que te aparece con unos chicos guapos, olvidándose de todo lo demás. Susurró un gracias tan pequeñito que ni los ratones lo oyeron. El chico se subió en la moto, y se marcho. Al cabo de tres segundo, volvió en sí; salió corriendo tras él. Pero era demasiado tarde. Ya no lo podría alcanzar
Era absurdo que se parase para preguntarle la hora, sólo para eso, y no le preguntase que hacía allí descalza, con la cara de no haber dormido la noche anterior y desorientada. Sin embargo, lo absurdo era la nueva moda, y el chico no parecía no la siguiese.
Deseaba tanto llamar a alguien y pedir ayuda, no sólo por no saber donde estaba si no por todas las cosas que no contaba o que contaba tan en bajito que nadie escuchaba. Empezó a llorar, de tal modo que el cielo siguió su trayecto. Eran esas tormentas de verano que llegan sin saber como y se van de la misma manera.
Empezó a correr lo más rápido posible para que las gotas no la tocasen, pero eso era imposible. Era otra estúpida decisión que desembocó en algo peor. Se cayó, dejándose las rodillas y las manos en la carretera.
Se sentó en medio de la carretera, dolorida y con el autoestima por los suelos. Sacó el teléfono, y llamó a la persona que siempre podía venía en su búsqueda. La que siempre la ayuda a levantarse pese a cualquier cosa. Esa pequeña luz que lo alumbraba todo.
Sólo dijo hola, y ella ya sabía lo que le pasaba. Salió de su casa perfecta con su vida perfecta, a buscar a su pequeño caos.
Cuando le dijo la hora, el chico le guiñó el ojo. Y se salto esa sonrisa que te aparece con unos chicos guapos, olvidándose de todo lo demás. Susurró un gracias tan pequeñito que ni los ratones lo oyeron. El chico se subió en la moto, y se marcho. Al cabo de tres segundo, volvió en sí; salió corriendo tras él. Pero era demasiado tarde. Ya no lo podría alcanzar
Era absurdo que se parase para preguntarle la hora, sólo para eso, y no le preguntase que hacía allí descalza, con la cara de no haber dormido la noche anterior y desorientada. Sin embargo, lo absurdo era la nueva moda, y el chico no parecía no la siguiese.
Deseaba tanto llamar a alguien y pedir ayuda, no sólo por no saber donde estaba si no por todas las cosas que no contaba o que contaba tan en bajito que nadie escuchaba. Empezó a llorar, de tal modo que el cielo siguió su trayecto. Eran esas tormentas de verano que llegan sin saber como y se van de la misma manera.
Empezó a correr lo más rápido posible para que las gotas no la tocasen, pero eso era imposible. Era otra estúpida decisión que desembocó en algo peor. Se cayó, dejándose las rodillas y las manos en la carretera.
Se sentó en medio de la carretera, dolorida y con el autoestima por los suelos. Sacó el teléfono, y llamó a la persona que siempre podía venía en su búsqueda. La que siempre la ayuda a levantarse pese a cualquier cosa. Esa pequeña luz que lo alumbraba todo.
Sólo dijo hola, y ella ya sabía lo que le pasaba. Salió de su casa perfecta con su vida perfecta, a buscar a su pequeño caos.
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