sábado, 16 de abril de 2011

A priori.

Cuando sacó su nueva novela pensó que se iba a sorber el mundo con pajita, pero
terminó bebiendo el zumo de piña con malibú de su novia. El ya llevaba cinco rones mientras ella no podía terminar el primer cubata. Eso decía mucho de ellos, de como eran. Se querían si, pero era un amor tan delicado como una tela de araña. El no podía amar, querer de verdad a alguien que no bebiese con pasión una cerveza o un ron de buena marca. Era su forma de ser, su filosofía de vida. Nunca había querido tanto a una chica pero sabía que esta no sería a la que más desearía. Sabía que algún día encontraría a su ying, estaba cerca pero todavía no podía verlo pero lo sentía.
Era rara la sensación querer a alguien y saber que tu otro yo en mujer estaba cerca.

lunes, 7 de marzo de 2011

Do mayor.

Suspiramos, ¿por qué seguimos bebiendo ya sin sed? o ¿Por qué te digo te quiero, sin sentirlo?
Cuestiones sin resolver. Como el rosa es mi color, sin yo desearlo; sigo escribiendo cosas perfumadas a flores. Te digo que odio pero de la forma más bonita que has escuchado, y te quiero de la manera más triste posible.
¿Por qué? Será que todo es cuestión de como veo el mundo y como te siento a mi alrededor.

martes, 8 de febrero de 2011

La roca

Las gotas de lluvia simples, sinceras, dulces, tristes transpasaban su fina piel. La misma que tiempo atrás tocaba. Ella era la misma, la misma persona que cuando estaba triste lloraba o cuando estaba alegre, enfadada o asustada hacia lo mismo llorar. Era su método de defensa frió y mecánico. Como una máquina que se pone en funcionamiento con las primeras emociones. Odioba sentir tanto pero al contrario, su forma de ver el mundo le asombraba y la absorbía .

Todo los días venía algo diferente, deseaba el malestar en su cuerpo. Necesitaba sentir ese semblor en todo su cuerpo para estar más cerca de todo y más lejos de ella misma. Era extraño pero real. Su miedo a su ser pequeño, despiadado, desordenado y triste.

Las gotas la mojaban mientras caminaba por los bordillos de aquel extraño muelle. En una mano una carta apunto de destintarse, en la otra preciado ipod. Cerraba los ojos fuertemente y deseaba desaparecer, implosionar, dejar de existir, soñar, ser libre, vivir a su manera... todo menos lo que hacía. Llego al mar, sintió un despreciable y familiar estruendo en su interior. Dejo el ipod y la carta en una roca. Y saltó.

En la carta podía mil cosas bonitas y otras mil tristes, algo que le daba mucho que pensar y más que sufrir.

miércoles, 2 de febrero de 2011

Demasiado es más mucho

Demasiado tiempo sin escribir, demasiado tiempo soñando. Demasiado esa es la palabra. Demasiado alboroto en la cabeza. Demasiados sueños rotos, nostalgia, malestar, miedo... todo por no saber lo que quiero, lo que quieren. Actuar sin responder.

Eso era todo lo que le pasa, pasaba o pasará. Mi sonrisa, su sonrisa están confusas. Pensaba que alguien llegaría con rosas, cantando una canción para mi, ella, nosotros o ellos. Eso no pasó, no del todo. Pero tu o ella seguíais insistiendo en su cabeza, en tu cabeza. Y los pétalos que conservabais se escaparon por vuestras reacciones o simplemente por vuestras forma de ser.

Demasiadas pastillas, alcohol, porros... Demasiado esa fue la palabra, para estos meses... Demasiado tiempo perdido y demasiada mareas inutilizadas. Esas son las sílabas, siempre ese demasiado en cada oración. Pero esta vez, llego a ser absolutamente demasiado.


domingo, 19 de diciembre de 2010

Psicoanálisis

- Dime algo
+ Buh
- Algo que tenga sentido.
+ Los monos son bonitos.
- ¿Qué?
+ Me gustan los monos pero menos que el algodón de azúcar o una coca cola sin gas.
- Contesta a una simple, ¿qué sientes?
+ ¿Cuando qué?
- Normalmente
+ Cada día es distinto y siento cosas diferentes.
- Interesante, pero no me has dicho que te pasa por tu cabeza.
+ Eso no me lo habías preguntado, y ¿para que quieres saberlo?¿Acaso yo te pregunto, si tienes hijos?
- No, pero me parece curiosa tu actitud.
+ Y entonces, me haces preguntas. ¿Para qué?
- ¿Cuando empezaste a dejar de sonreír?
+ Las casas de colorines !me encantan!
- ¿Qué? ¿Por qué,coño, no me respondes a lo que te pregunto?
+ Porque no quiero, así es de simple. ¿Para que sepas como soy? Así sabrás mis puntos débiles, lo que me hace sonreír (si lo hago) o quien me hace feliz. Así sabrá hacerme daño y eso no te lo permito. Por eso no te quiero responder a tus malditas preguntas, ni decir cosas coherentes, por que quiero ser el silencio en este informe.

martes, 16 de noviembre de 2010

Así es la realidad.

-Tengo ganas de contarte una historia, que sea coherente, pero no sé por donde empezar. Más bien no sé como decirtelo. Las palabras no me salen cuando intento contar esa maldita historia. No es bonita,aunque lo parezca, y no termina muy bien que digamos. Así es la realidad.

Uno, dos, tres...

No hace mucho, máximo quince años. Para tí es mucho, para mi un tierno suspiro. Había una chica que se sonrojaba cada vez que aquel chico la miraba. Ella no le dirigía palabra alguna, no se atrevía.

Pero un día, el le sonrió, ella le devolvió la sonrisa. Empezaron a hablar. Poco a poco, pero día tras día, se conocieron. Se veían todos los días en el parque, allí imaginaban como un barco pirata llegaba a la ciudad y se reclutaban o simplemente como se podían enamorar sin sentir el dolor de la otra persona. Sus peculiares charlas pasaron a no ser solo en un parque, ya que estaban en su peculiar armonía.

Un día que llovía, ella salió de casa. Pensando que la lluvia no la tocaría, pero fallo. Las gotas intentaba meterse dentro de ella, necesitaban sentir su piel. Estaba cerca de la casa de el y pensó que le podría dejar un paraguas y ropa seca. La puerta del portal estaba abierta y entro. El vivía en un edificio construido en los años sesenta. Las escaleras que ella pisaba eran de madera y su pasamanos era metal, de color negro. Subía rápido, tenía ganas de verlo ya que hacía 3 días que no sabía nada de el. Le había dicho que tenía que terminar un trabajo para la universidad; estaba en el último curso de ingeniería de camino.

Llego al cuarto piso y petó en la puerta, tardaron tanto en abrir que ya estaba apunto de irse. Pero cuando la puerta se abrió, no era el, si no una chica en camiseta larga y calcetines. Pensó que había confundido y se iba a marchar pero apareció el.
-¿Qué ha pasado?
-Nada... solo quería decirte ... algo... pero ya da igual. Chao
-Pero si estás empapada. ¡Espera!

Ella salió corriendo mientras la tormenta empezaba a marcar el tiempo de aquella semana. No sabía lo que le pasaba, lo que sentía. Todas esas tardes con el, todo lo que sabía de el... Era extraño pero le gustaba. Mientras tanto seguía corriendo pero su voz la hizo parar en seco. Respiraba rápido y se salía vaho de la boca, se dio la vuelta y lo miró.
-Lo siento, no es nadie. No te tienes que preocupar.
-¿De que me voy a preocupar?¿Que esté una chica en tu casa medio desnuda? Si claro... Y mañana por la mañana te acompaño al médico ¿no? Es que por favor, yo preocupada por tí, por tu relaciones. Permíteme reírme.
-¿Acaso estas... celosa?
- Bueno primero que estoy preocupada, después celosa. ¿Que has bebido Daniel?
-Pues nada son tus reacciones: aparecer en mi casa y no decirme nada, salir corriendo, ponerte borde... Yo creo que...- El sonrió- Ella no es nada importante una chica que conocí ayer en un bar. Nos gustamos físicamente y ya. Así que tranquila.
-¿Como que tranquila? ¿Tú que crees, que me gustas?
Se miraron y se besaron.

Sin quererlo, igual como se habían conocido, empezaron a quererse. No tenían muy claro que cuando se estaban conociendo se comenzaban a gustar... Era una historia extraña pero era su historia.

- Sería bonico que la historia terminase así ¿no? Con un tierno final pero lo siento, cariño, la historia prosigue un ratito más, soló un poco más.

Ellos estaban bien, se complementaban. Los meses pasaron, y todo seguía como el día de la lluvia, el día que se miraron fijamente por primera vez. Se querían y para ellos era suficiente. Los domingos se los pasaban en pijama, escuchando jazz y viendo películas de todo tipo. Vivían en su pequeño faro donde nadie les podían hacer nada y cada día era diferente, donde los sueños flotaban en el ambiente como sus sonrisas, sus te quieros y sus caricias escondidas por aquel apartamento.
Pero un día todo cambió. Es así de cruel y de simple. Cuando Daniel supo lo que venía encima, se escapo. Un día, ella volvió de la universidad y el ya no estaba. Se había ido para siempre. No había dejado nada en aquel apartamento azucarado pero que en realidad ya no tenía ni un pizca de dulce. Dejo una nota que ponía: "No quiero que me busques, ni intentes saber de mi. Ya no existes para mi, ni tú ni el. Lo siento pero esto tiene que ser así, porque quiero que sea así"

- Pensarás, que habría pasado para que Daniel se fuese de ese modo tan brusto. Yo te lo diré. Apareciste tú.
- ¿Yo?
- Sí, tú. Porque cuando tu padre supo que ibas a nacer, se intento desaparecer pero no lo consiguió. Lo que llevo a hacer como si no nos hubiese conocido nunca. Lo ví muchos días y el nos vio a nosotros, caminando por la calle de nuestro primer beso o estando en ese parque donde iban a venir aquellos piratas...
Esos dos primeros años fueron difíciles. Yo estudiando, trabajando, cuidándote y viéndole a el. Cada vez que lo venía tenía ganas de llorar, chillar, reprocharle todo, y decirle que estaba mejor sin el pero nunca lo hice no fui capaz. Un día un amigo común me dijo que se iba de la ciudad, desde aquella nunca más lo he vuelto a ver.
Esto es lo que tenía escondido todos estos años, no me atrevía a contártelo pero ya está. Esto de alguna manera fueron tus comienzos y no te deben causar ningún daño porque es una historia de tantas.





domingo, 14 de noviembre de 2010

Esperanza

Las cosas pasan siempre por algo bueno. Eso es lo que intentaba pensar Sofía, después de volver con los pies doloridos y los ojos llorosos. Se tumbaba en la cama y se quedaba dormida, sin pensar. Porque eso es lo que más odiaba de todo,pero era lo que más hacía. Cada día la barriga le pesaba más. Se sentía sin identidad. Como una sombra que nadie ve.
Hacía tres semanas que había mudado, y no tenía nadie con quien hablar. La gente de su clase, no se acercaban a ella por dos razones. La primera por Alberto, la segunda porque el teatro era una de las dos únicas que le hacía disfrutar por completo, por eso lo cuidaba, y le salí también.
Vivir en el edificio de sus abuelos, le hacía rememorar demasiadas cosas bonitas, se daba cuenta de lo muchos que los quería y de tantísimos que les echaba de menos.

Lo único que le sacaba una sonrisa y la tranquilizaba era ir al Retiro. Ver a la gente en las barquitas e imaginarse sus vidas.

Un día, mientras tenía la mirada perdida un chico le dijo: - ¿me puedes decir porque tienes los ojos tan bonitos?