Sonrió sin saber por qué. Sabía que esa etapa estaba pasada, ya solo era un recuerdo bueno, nada más. Estaba tumbada en el sofá y con los pies para arriba escuchando música para el ordenador. Dentro de poco, sería su segunda ecografía, aunque el bebé ya tenía cuatro meses. Estaba buscando los nombres pero le seguía gustando el nombre de Alberto. Alberto que brilla por su nobleza, se le quedó marcada en la cabeza. Quería que no hiciese sufrir a nadie, quería... que fuese feliz ante todo y ese es lo que más le aterraba. Empezó a recodar su infancia.
Aquel día que su madre dijo "me marcho yo no aguanto más aquí, me agobias" chillando a su padre. Ella estaba debajo de la cama con su pato de peluche abrazándolo y esterando a que la tormenta terminase, pero después de la tormenta todo fue diferente. Su padre fue más humano, más tierno pero su mirada cambió, el brillo en sus ojos se había apagado. Pasó más de tres meses hablando entre monosílabos, su madre había dejado un vació difícil de llenar en esa casa de tres plantas. Donde tiempo atrás, era el sueño de una pareja nueva que no para de besarse y de sonreír. Pero con los años erosionó esa pasión y su amor. Y los gritos fueron los nuevos aliados de una relación con una hija recién nacida. Los años pasaron y los distanciaron.
Ella vivía en una familia perfecra traslas miradas de los demas. Ella se sentía sola.
Cuando su madre se marchó, fue la salvación para Sofía. Ya no estaría sin nadie que la comprendiese. El día que se fue su madre, apareció el padre que necesitaba.
Era torpe, indiscreto y con una cierta ternura que le hacía sonreír enseñando los dientes.
Sus mejores recuerdos eran junto a él y su abuela que les apoyó cuando Teresa, su madre, se fue.
Cogió el teléfono. Iba a romper la liturgia del silencio. Lo llamó, entre lágrimas le contó que iba a tener un hijo. Que el padre del niño era Roberto. Ella había cortado con él. Y él se marcho de la ciudad porque decía que no la podía ver, se le rompía el alma al verla, sin poder besarla. Ella no sabía dónde estaba y no quería buscarlo. Su padre colgó sin decir nada. Sofía se asustó, creía que estaba enfadado. Pero al rato, sonó el timbre. Abrió la puerta y ahí está David, su padre, y lo abrazó.
lunes, 12 de julio de 2010
domingo, 4 de julio de 2010
Antes de los diez minutos y del estruendo de la bocina
Sofía estaba tumbada en la cama, despierta. Estaba desenamorando de un "hombre" que había cambido, y la había cambiado. Se tocaba la barriga y sospecha de algo que le removía la entrañas. Hace unos minutos que había terminado de llorar, y intuía que seguiría, así ella era. Las piernas le temblaban, y su tensión era mas baja de lo habitual. Y no sabía que hacer. Miraba como las manecillas del reloj se movían. Se tocaba el pelo y quería llorar pero las lagrimas no le salían. Rapidamente se levanto de la cama, pero se mareó. Agarró una libreta y empezó a escribir los pasos para no querer a una persona, pero no le ocurría ninguno. Se enfandó demasiado no podía parar de ver las cosas que habían vivido juntos, todo ese largo espacio.
Esperaba que terminase con el tiempo, quería que el tiempo volase rapido para no sufrir de esa manera.
Los días pasaron, como las mareas, algunos neutros otros debastadores. Hasta que llego la bomba, ese sueño que cambió su vida. Lo primero que pensó fue, apocalipsis.
"¿Porque, joder, porque? ¿Ahora que hago ahora?" y se lo callo. "Lo mejor esta nadie lo sepa. Si, si eso es lo mejor, que nadie lo entere".
Esperaba que terminase con el tiempo, quería que el tiempo volase rapido para no sufrir de esa manera.
Los días pasaron, como las mareas, algunos neutros otros debastadores. Hasta que llego la bomba, ese sueño que cambió su vida. Lo primero que pensó fue, apocalipsis.
"¿Porque, joder, porque? ¿Ahora que hago ahora?" y se lo callo. "Lo mejor esta nadie lo sepa. Si, si eso es lo mejor, que nadie lo entere".
miércoles, 30 de junio de 2010
Sus últimos diez minutos
Abrio la ventana, tenía calor. Sospechaba que algo cambiaría y sonó la bocina. Volvio en sí. Todo lo que le podía pasar, transcurrirá paulatinamente al compás de tiempo.
Todo llegará me repetía una y otra vez. Todo con el tiempo se calmará, todo hasta el mayor dolor o la última decepción. Pero no podía parar de pensar, cuantas cosas malas le habían pasado. Su balanza del dolor y la felicidad se había destavilizado hacía demasiado tiempo. Sus lágrimas eran continuas y sus sonrisas estaban retenidas por los famosos fantasmas del pasado.Todo por sentir demasiado, por expresarse a su manera, por ser como ellos.
Encendió el ordenador, quería escribir algo, contar su historia. Subió el volumen de la música; era una canción que describía todo de ella y a la vez nada. Se le escurrió una de sus múltiples melancolías matutinas. Quizá este bien eso de irse, pensó. Empezó a buscar lugares donde irse, por Internet.
Desde pequeñita soñó con irse a Nueva York. La ciudad de las luces, donde todo puede ocurrir, donde olvidarse de todo, de empezar de cero. Abrió su cuenta de ahorros , volvió a la realidad, estaba a cero. Esas operaciones de papá, sospechó y se le escapó una sonrisa cautiva, pero estaba triste y débil. Rememoró todo lo que había sido para ella, su padre.
Aquel hombre con mirada perdida y siempre preocupado por los números, por la economía familiar, por su empresa y sobre todo por ella. Esos domingo en el parque de atracciones, antes de que la empresa quebrase, después de que su madre se hubiese ido para no volver.
Volvió a sonar la bocina, fuera, en la calle. Sospechaba que algo no marchaba bien. Salió a mirar por la ventana pero no vio nada, solo era un coche con ganas de descansar. Observó que había un mensaje en el contestador, lo oyó. El teléfono se le escurrió de las manos. Tiró las pastillas que iba a ingerir. Y empezó a llorar de felicidad y a chillar "Ya llegó, tengo que cambiar, por el, por mi".
El mensaje decía que... se le cumplía uno de sus sueños, el otro ya estaba en camino, ser madre.
Las sonrisas se empezaron a escapar de la cruel cárcel de la soledad y el pasado. Sus pequeñas y Sofía se prometieron no volver a estar así más. Por su primer hijo Alberto y por su nuevos estudios, como actriz.
Entonces Sofía escribió en la pared "Todo es cuestión de tiempo, solo hay que esperar para que pase algo bueno"
Todo llegará me repetía una y otra vez. Todo con el tiempo se calmará, todo hasta el mayor dolor o la última decepción. Pero no podía parar de pensar, cuantas cosas malas le habían pasado. Su balanza del dolor y la felicidad se había destavilizado hacía demasiado tiempo. Sus lágrimas eran continuas y sus sonrisas estaban retenidas por los famosos fantasmas del pasado.Todo por sentir demasiado, por expresarse a su manera, por ser como ellos.
Encendió el ordenador, quería escribir algo, contar su historia. Subió el volumen de la música; era una canción que describía todo de ella y a la vez nada. Se le escurrió una de sus múltiples melancolías matutinas. Quizá este bien eso de irse, pensó. Empezó a buscar lugares donde irse, por Internet.
Desde pequeñita soñó con irse a Nueva York. La ciudad de las luces, donde todo puede ocurrir, donde olvidarse de todo, de empezar de cero. Abrió su cuenta de ahorros , volvió a la realidad, estaba a cero. Esas operaciones de papá, sospechó y se le escapó una sonrisa cautiva, pero estaba triste y débil. Rememoró todo lo que había sido para ella, su padre.
Aquel hombre con mirada perdida y siempre preocupado por los números, por la economía familiar, por su empresa y sobre todo por ella. Esos domingo en el parque de atracciones, antes de que la empresa quebrase, después de que su madre se hubiese ido para no volver.
Volvió a sonar la bocina, fuera, en la calle. Sospechaba que algo no marchaba bien. Salió a mirar por la ventana pero no vio nada, solo era un coche con ganas de descansar. Observó que había un mensaje en el contestador, lo oyó. El teléfono se le escurrió de las manos. Tiró las pastillas que iba a ingerir. Y empezó a llorar de felicidad y a chillar "Ya llegó, tengo que cambiar, por el, por mi".
El mensaje decía que... se le cumplía uno de sus sueños, el otro ya estaba en camino, ser madre.
Las sonrisas se empezaron a escapar de la cruel cárcel de la soledad y el pasado. Sus pequeñas y Sofía se prometieron no volver a estar así más. Por su primer hijo Alberto y por su nuevos estudios, como actriz.
Entonces Sofía escribió en la pared "Todo es cuestión de tiempo, solo hay que esperar para que pase algo bueno"
lunes, 21 de junio de 2010
Mis felicidades
Me encanta caminar por los bordillos de las calles, escuchar el ruido de las hojas secas , percibir una dulce melodía en mis oídos, sentir en calor en la piel, saltar encima de la cama, hacerme daño sonriendo, que me entiendan, pensar en volar muy alto, correr hacia el agua, encontrar una nueva canción, bailar sin sentido, cantar en la ducha, tirarme al mar desde una roca,meter la mano entre legumbres, el impulso de hacer una tontería , ayudar a alguien, escuchar reír.
sábado, 19 de junio de 2010
Un nudo en el estomago
Ayer llegue a casa. Los oídos me pitaban y tenía una extraña sensación agridulce mezclada con un nudo en el estomago que todavía sigue aquí. No sé porque que la gente quiere que todo sea tan difícil, quieren odiar a una persona que por lo mínimo quiso ¿porque gastar tan energía? y además haciendo daño a ella y a todo los presentes. Ayer me sentí demasiado rara porque tenía los nervios de un primer extraño, pero en este estreno nadie me miró.
Creo que no me merezco todo esto. Me imagino que odiar a una persona te corroe por dentro y te hace sentirte más mal a ti que a ella. Porque por lo menos a mi me cuesta girar la mirada cuando alguien te mira, día tras día, a mi me cuesta no hablar con una persona que dije que quería tanto, a mi me cuesta tratar a una persona como si no existiese, a mi me cuesta no hablar con alguien que competió tanto conmigo. A lo mejor un día, una semana porque hay mucha gente pero cuando las personas de disipan... no dirigir la mira a alguien del que supuestamente me hizo llorar de alegría, de tristeza, de nerviosos, de risa y que le di en algún momento todo lo que tenía.
Esa acciones me destrozan porque aunque odie que me traten como una princesita frágil. Tengo unos sentimientos de porcelana, que con cualquier movimiento se rompen y sangran.
Pero no sé, tendrá muchos motivos de peso.
Creo que no me merezco todo esto. Me imagino que odiar a una persona te corroe por dentro y te hace sentirte más mal a ti que a ella. Porque por lo menos a mi me cuesta girar la mirada cuando alguien te mira, día tras día, a mi me cuesta no hablar con una persona que dije que quería tanto, a mi me cuesta tratar a una persona como si no existiese, a mi me cuesta no hablar con alguien que competió tanto conmigo. A lo mejor un día, una semana porque hay mucha gente pero cuando las personas de disipan... no dirigir la mira a alguien del que supuestamente me hizo llorar de alegría, de tristeza, de nerviosos, de risa y que le di en algún momento todo lo que tenía.
Esa acciones me destrozan porque aunque odie que me traten como una princesita frágil. Tengo unos sentimientos de porcelana, que con cualquier movimiento se rompen y sangran.
Pero no sé, tendrá muchos motivos de peso.
domingo, 13 de junio de 2010
Dentro de poco.
Cuando miré atrás no quiero recordar solo las lágrimas que derramé y soltaré. Sé que será difícil que esto para de un día para otro, será algo muy difícil pero creo que no dentro de mucho los llantos que ahora no me dejan dormir y soñar, se esfumen. Tengo miedo de seguir así siempre, y que no lo pueda soportar más. Sé que las lluvias saladas nos alegaron y me alegan de todo el mundo. Esas gotas malditas que no me dejan expresarme, que me obligan a no centrarme, que no toleran que sea feliz. Esas que algún día se irán, y no volverán nunca más, que me dejaran sonreír y vivir en paz.
miércoles, 9 de junio de 2010
No me gusta esto.
Odio querer una persona. Lo tengo decidió, odio tener mariposas en el estomago por alguien; que ya no puedo amar porque lo decidí yo. Odio verlo por el instituto y buscarlo con la mira donde él me la deniega. Odio pensar que se arreglará y saber que no es verdad. Lo odio. Odio que se me estremezca el cuerpo y odio sentirme así. Sé que con el tiempo todo esto pasará. Espero no sentirme mas así, nunca más una vez y no más. No es un odio a los hombres y nunca más con ellos, si no, un no mas amores de domingos, de tardes de frió, de miradas cómplices y de sonrisa escondidas.
Odio querer a una persona de tal manera que sueño hablar con él.
Odio querer a una persona de tal manera que sueño hablar con él.
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