domingo, 26 de febrero de 2012

Cucarachas.

Hace tiempo que no respiro como debería.
Hace tiempo que no sonrío como debería.
Hace tiempo que no te miro como debería.
Hace tiempo que no siento lo que debería.

Hace tiempo, la verdad es que no mucho, pensaba en todo relativo.
Mis pensamientos eran un tic- tac de sensaciones mezcladas con whisky, no entendía muy bien lo que pasa en el mundo y menos en mi cabeza. Las personas aparecían, residían un
tiempo determinado en mi corazón y luego se marchan arrancando trocitos de el. Las noches eran tristes, las mañanas eran despertares con las sabanas plagadas de desilusiones, tristezas y acciones no zanjadas del día anterior.

Los días brillaban pero la luz no llegaba. Me sentía sola, cada semana más sola. No entendía que me pasaba si era la ciudad, ese tiempo, esa gente o simplemente yo.

Un día decidí salir a caminar, no se porque lo hice, pensé que así las cucarachas que había dentro de mi estómago estallarían, y volvería a estar como antes.
Aunque tristemente no recuerdo como estaba antes. ¿Era feliz? ¿Quería a alguien? ¿Me gustan las gominolas? La verdad es que no me acuerda de nada, antes de esta sensación que no me deja dormir, ni soñar... Solo puedo sembrar mis parpados de agua y mi cabeza está llena deintorelancia, tristeza y melancolía.

Estaba viendo el mar mientras caminaba. Me paré abrí una cerveza y me senté a mirarlo detenidamente. Entonces apareció él, alocado, simpático y sincero.

- Creo que necesitas ayuda
+¿Ayuda? ¿Yo?
-Si, tú. Te he visto y sé que necesitas ayuda. Se te ve en los ojos, esa sensación de vacío, esa amargura interior, esas cucarachas en el estómago, y ese desorden en tu mente. Sé por lo que estás pasando, yo también lo he vivido.
+ Estas loco, yo estoy bien ¿no me ves?

En ese momento me puse a llorar. El me miró sonrió y me abrazó. No sabía quien era sin embargo me daba necesita sentir el contacto de alguien; su respiración, su mirada, sus sonidos... Aunque sabía que él no me podía ayudar tenía que reconstruirme yo sola, debía aprender a vivir yo sola sin ayudar de nadie.

Cada día el me llamaba o venía a mi portal para ver como estaba. Había días buenos y otros no tanto pero el siempre estaba ahí. Yo no lo supe apreciar prefería soñar con un mundo donde nadie me pudiese robar mis lágrimas. Los meses pasaron y yo cada esta mejor, mi corazón mejor dicho mi mente se estaba sanando. Ahora los días buenos eran para mi y los malos para el ya que cada vez que llegaba a mi casa veía un desfile de hombres.
Esto no sería nada malo, si a él no le doliese, si por eso el se sintiese pulgarcito.

Paulatinamente los hombres secaron, y apareció de nuevo la paz.

Un día llego a mi casa, tenía buenas noticias se le notaba en la cara.

- ¡La encontré, la encontré! Es ella
+ ¿Ella?
- Sí, la chica que andaba gustando ¡Es ella!
+ ¿La chica para tu nueva exposición?
- Si también... Te acuerdas de...
No pudo terminar de hablar, le corte de la misma manera que se derrumban a un pino milenario.
+ Te quiero, me acaba de dar cuenta ahora.
En ese mismo instante salí corriendo de casa, sabía que lo había perdido. Llegué a playa, me metí en el agua y por fin todo terminó.



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